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Ser Cristiano

Ser cristiano, y vivir, con intensidad, y con responsabilidad, intachable, la doctrina del Maestro, es solo para valientes, e intrépidos, y no para cobardes, ni indecisos.
El precio, carísimo, de nuestra salvación, ha sido pagado, íntegramente, por el Cordero de Dios. Practicar, y demostrar, su fe, y su credo, sin embargo, para cientos de miles de creyentes, en muchos lugares del mundo, es tremendamente peligroso, complicado y difícil. A algunos les cuesta, bastante (además de su libertad, y de su integridad física; y hasta la vida), ser un hijo, o una hija, del Altísimo.
Muchos no tienen, ni la menor, idea, ni saben la dificultad, el daño y la molestia, que representa, para millones de hombres, y de mujeres, confesar, y manifestar, su confianza, y su esperanza, en el Soberano.
Un sinnúmero de cristianos, en varios países, ciudades y pueblos, sufren, y padecen, persecuciones, salvajes, y abusivas, de parte de civiles, y de militares, en las regiones, y en los estados, en los que no hay libertad religiosa. Hay más de cincuenta naciones, en todo el mundo, donde la mayoría de las personas, que tienen una creencia minoritaria, son víctima de violencia, y de discriminación, consentida, y de presión, oficial, por causa de su confianza en el Príncipe de paz.
En decenas de lugares, donde, hipotéticamente, hay libertad de credo (pero este derecho, universal, no lo tienen en cuenta, ni lo respetan), persiguen, y maltratan, abusivamente, a los ciudadanos del Reino de los cielos. El nacionalismo, patriótico, encadenado a una doctrina, religiosa, es tan perverso, y tan desgraciado, como el ateísmo estatal.
Hay bastantes hogares, a la vuelta de la esquina, muy cerca de nosotros, donde algunos de sus miembros son acosados, y maltratados, por creer en el Nazareno, y por congregar en una iglesia cristiana.
Tal vez, para algunos, tiene poco valor, y sentido, la libertad de pensamiento; pero no para el Mesías.
El Señor bendice a los que son perseguidos, y maltratados, por hacer lo correcto, y por ser justos, porque el Paraíso les pertenece. Somos muy dichosos, y muy afortunados, aquellos que, por ser discípulos del Maestro, la gente nos insulta (y nos acosa, e inventa, contra nosotros, toda clase de calumnias). Pongámonos contentos, y alegrémonos, con toda el alma, porque vamos a recibir, al llegar a Casa, una gran recompensa (Mateo 5:10-12a).
Los creyentes que, cuando hacemos lo bueno, somos ultrajados, y humillados; y aquellos que, por tan solo haber declarado que son cristianos, se exponemos a riesgos físicos, y morales; y los que sufrimos, en carne propia, por ser la voz, decente, de la conciencia, de un mundo pagano, y perverso, ante los ojos del Rey, de gloria, somos bienaventurados, y felices.
Si sufrimos, y padecemos, por causa del Evangelio, no nos incomodemos, ni nos angustiemos, ni nos enojemos. Cuando nos insulten, o nos marginen, por confiar en Jesús, consideremos que esas ofensas, y desprecios, son una bendición (Antonio Merani Góngora).

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